Corridas de Toros: Matar por diversión
SOBRE LAS CORRIDAS DE TOROS
Por Carlos Monsiváis
No es fácil hablar en contra de las corridas de toros porque todavía escasean los interesados en oír argumentos. A tal sordera programada la activan no sólo los grandes intereses de las empresas, los toreros, las ganaderías, la prensa especializada, la televisión y sus transmisiones, sino la "cultura taurina", con su creencia genuina en que hay tal cosa como arte del toreo, sus obsesiones criollas, su memoria de hazañas del ruedo.
Y a eso se añade la indiferencia de la sociedad, aún convencida en su mayoría de que no existe la "crueldad hacia los animales", porque un animal no tiene derechos y su único destino es la explotación integral.
Los intereses creados y la incomprensión social frente a sufrimientos muy específicos, se oponen a una crítica justa e innecesaria: la que rechaza las corridas de toros por el inmenso sufrimiento que se les impone a seres vivos, por la exhibición de saña y tortura a nombre del arte, con las circunstancias abominables que rodean a cada lance. No es posible, no creo sinceramente seguir consagrando la crueldad extrema porque así es la tradición, y no es concebible tampoco que a fines del siglo XX prosiga la insensibilidad. Hoy una consigna unánime; es la oposición a la violencia. Valdría la pena tener presente que la tortura despiadada a seres vivos y la conversión de esa tortura en industria del espectáculo, son también formas de educación en la violencia, no por inadvertidas socialmente menos lacerantes.
Fuente: La Jornada, jueves 21 de abril de 1994.



